La fotografía, desde la producida por las Administraciones centrales así como las generadas por fotógrafos independientes y aficionados, ha originado una explosión documental comparable a la que se diera con el documento soporte papel a mediados del siglo XX. La guarda y conservación de este documento de soporte moderno garantiza al investigador científico circunstancias que escapan a las ideas escritas y complementan las referencias que interesan a la historia de las instituciones. Es necesario aprender a leer el texto icónico al igual que se hace con el texto lingüístico y evaluar y seleccionar la documentación fotográfica que se incluirán en los repositorios crítica y criteriosamente, pues la guarda indiscriminada así como la destrucción inadvertida son un peligro para una documentación que es parte de nuestra memoria audiovisual.