Acaso estas breves reflexiones sean calificadas por algunos colegas como inmovilistas, anacrónicas, producto de una tradición limitada y desfasada. Porque, bajo la apariencia de la modernidad ‘tecnológica’, un nuevo discurso se ha instalado durante los últimos años en el seno de nuestra profesión, y se ha ido incorporando acríticamente como fundamento teórico del trabajo archivístico, hasta el punto de amenazar con hacerse hegemónico, por no decir exclusivo