En este artículo se habla de la relación apasionada con el libro antiguo y viejo: una atracción cada vez más densa que se lleva con una complicidad tanto más atractiva cuanto más silenciosa entre el olor y el color de esos lomos y esas hojas patinadas por el tiempo, amarillentas. Cada día uno se siente más a gusto dialogando con otras época a través de ese fetiche vivo que era el libro viejo. Disfrutaba con ellos , buscándolos o encontrándolos o siguiendo las huellas de donde podía dar con ellos.